Los ricos también lloran Parte III Final.

Los ricos también lloran Parte III Final.

 

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A pesar del esfuerzo de Sergio, sus padres al enterarse de lo que le estaba pasando a Eliana no pudieron evitar sentirse derrumbados y afligidos, se trataba de la joven  que ellos vieron crecer desde niña, la que cuidaron como a una hija y aprendieron a querer; muchas veces les toco asumir el rol de sus padres, quienes por sus múltiples ocupaciones no estuvieron allí para ella. Su vida corría peligro y no estaba en sus manos garantizarle su bienestar, era una situación difícil para todos.

Por sus mentes empezaron a correr los recuerdos que junto a Eliana lograron construir, Julia quien se mostraba con una mirada lejana y muy triste, no decía nada, era como que internamente ella luchaba con una cantidad de interrogantes que solo lograban aturdirla. Su esposo con una expresión cabizbaja solo movía su cabeza con una negatividad casi que insistente. Sergio simplemente guardaba silencio, por ocasiones abrazaba a su madre intuyendo que necesitaba de su apoyo.

Eliana en la sala de observación logro recobrar el conocimiento, con las manos en la cabeza masajeaba suavemente su frente, preguntaba extrañada — ¿qué me pasado y como llegue hasta aquí? —. Su madre quien estaba al pendiente de su estado le decía — tranquila hija descansa luego hablamos— ella volvió a cerrar sus ojos porque la  debilidad de su cuerpo la dominaba; ya con tratamiento en sus venas logro quedarse dormida.

Elena se comunicó con su esposo para darle la noticia, él se encontraba fuera de la ciudad como de costumbre en sus viajes de negocio, se sentía  perturbado mientras ella de manera atropellada le informaba de todo lo que ocurría. Fue algo inesperado que de cierta forma los desestabilizo, se habían acostumbrado a centrar toda su atención en sus compromisos, pero de una manera sorpresiva  su hija se convirtió en lo más importante, se trataba de una enfermedad grave, donde las decisiones a tomar eran cruciales para mantener a su hija con vida.

Jorge el padre de Eliana, delego sobre su personal de confianza todos sus deberes para regresar a la ciudad tomando el primer vuelo que consiguió, al llegar al aeropuerto lo esperaba el chofer de la familia quien lo llevaría  directamente a la clínica; muy dentro de él tenía la esperanza de que todo fuera una confusión, no estaba preparado ni sabía cómo  lidiar con esa realidad. Por minutos en el camino hacia la clínica, le venían a su mente muchos de aquellos días en que su hija no podía disfrutar de su compañía ni su amor, aquellos momentos que desplazo junto a ella por dedicárselo a sus negocios. Esto le hizo ver cuán equivocado estaba, se sentía culpable por haber descuidado a su única hija. De manera voluntaria sus lágrimas corrían descontroladas por su rostro y su corazón latía de forma extraña.

Sergio y Julia se encontraban en la gran mansión, ella arreglaba el equipaje de la joven por instrucciones de Elena, con todo cuanto necesitaba para su larga estadía en la clínica, mientras doblaba la ropa en aquella amplia y solitaria habitación, se dejó envolver por todos aquellas tristes momentos que compartía con Eliana, sentía que se desplomaba,  por lo cual se sentó en la cama y con sus manos tapando su cara y se echó a llorar. Sabía que venían  muchos tiempos de sufrimiento para la jovencita quien soñaba con ser una gran doctora y poder conseguir su felicidad.

Sergio un tanto distraído eligió irse a su refugio, aquel hermoso jardín que le permitía estar tranquilo, sin darse cuenta todo ese incidente había logrado impresionarlo emocionalmente, a pesar de que no tenía una relación directa con  Eliana él aprendió a vivir sabiendo de su existencia y de la vida que ella tuvo que sobrellevar con la ayuda de sus queridos padres. Por instante le venía la imagen de su hermoso rostro y de cómo se sintió a su lado mientras la tenía en sus brazos.

Reunidos en la clínica los padres de la señorita conversaban con la junta médica para determinar cómo atacarían la enfermedad, estaba claro que dispondrían de todos sus recursos e influencias para ofrecerle el mejor tratamiento a Eliana. Sin embargo, el médico especialista le explico con toda sinceridad, que debía ser sometida a múltiples secciones de quimioterapias las cuales son  agresivas, que el cuerpo de Eliana pasaría por una serie de transformaciones como caída del cabello, moretones, episodios de hemorragia por la nariz y boca, algunas complicaciones en sus órganos, fatigas agudas, vómitos entre otros. Recalcando que en algunos casos no estaba garantizado el éxito del tratamiento.

Durante la conversación Elena sentía un nudo en su garganta y sus piernas a pesar de estar sentada temblaban, su piel blanca se veía  enrojecida como si su sangre se detenía en su piel, sus ojos verdes se tornaban brillosos y nublados al mismo tiempo por las lágrimas que se asomaban en ellos. Ella  a diferencia de su esposo tenía conocimiento de lo difícil del caso y del  alto riego para el paciente. Por segundos se cruzaban las miradas desesperadas de los padres de Eliana, era como si de pronto tenían la necesidad de despertar de una pesadilla.

Necesitaban poner al tanto a su hija de su verdadero estado de salud pero ellos no tenían el coraje para hacerlo, ni siquiera Elena quien estaba acostumbrada a tener conversaciones constantes con sus pacientes. Ella en esa oportunidad asumía el rol de una madre que se sentía alterada emocionalmente porque no tenía claro como enfrentar tal  situación.

Mientras Eliana aun dormía ambos la observaban con mucha nostalgia viendo como el tiempo había pasado tan rápido y su pequeña hija ya era toda una  bella mujer, pero que ahora se encontraba a un paso de la muerte. Sin  poder asegurar ninguno de los dos, que todas sus riquezas juntas serviría para  salvarle la vida a su hija. Al cabo de  unos minutos ella despertó sorprendida de ver a sus padres junto a su cama con  ojos humedecidos,  ya empezaba a imaginar que algo serio le ocurría. Su padre se acercó y tomo su mano sin decir una palabra, se esforzaba por mantenerse calmado frente de ella.

—¿Mamá que tengo? ¿Por qué me siento tan débil? — le pregunta Eliana viendo directamente a su madre, ella respirando profundamente contesta —tienes una enfermedad delicada, por la que tienes que permanecer un tiempo aquí, tendrás que someterte a un riguroso tratamiento pero contaras con la atención de los  mejores médicos—. Al escuchar esto Eliana soltó  la mano de su padre, sus hermosos ojos inmediatamente se llenaron de lágrimas, sus pálidas manos taparon su rostro y por un corto tiempo la habitación queda en total silencio, solo se lograba escuchar el sonido de un llanto casi reprimido.

Eliana un poco turbada solicitó ver al médico tratante, quería tener detalle de su enfermedad y como tendría que luchar para vencerla. Sus padres sin saber que decir lo mandaron a llamar, pero ella le pidió que la dejaran sola porque quería enfrentarse a su nueva realidad y no estaba acostumbrada a contar con su presencia. Aquello los estremeció, estaban conscientes que su hija tenía razón y era lógico que se sintiera así, sin contradecir, ambos salieron de la habitación con un semblante algo decaído.

Pasaban los meses y Eliana enfrentaba de forma valiente aquella nueva experiencia en su vida, contaba con el apoyo incondicional de sus padres a quienes la vida le había dado una lección, les quedo muy claro que la vida no se trata de lujos ni posición, que los sentimientos y el lugar de un hijo no deben descuidarse. Con su amiga Camila que se convirtió en esa hermana que nunca tuvo, a pesar de su exigente carrera de médico, siempre la  visitaba y la animaba.

También con Julia y su esposo quienes de forma absoluta le hacían sentir que estaban allí para ella, su participación tanto en el procedimiento medico como en el plano emocional, fueron de gran beneficio para Eliana. Sergio quien por medio de las circunstancia se hizo muy cercano a ella, se convirtió en su aliado siempre dispuesto a sacar tiempo para  visitarla, llevarle cada vez que podía hermosas rosas del jardín  y contribuir para que aquellos momentos no fueran tan difíciles para ella. Empezó a nacer entre ellos un sentimiento muy profundo, estaban orientados a luchar juntos contra todo lo que por cosas de la vida se les presentara, era como si la vida les diera una nueva oportunidad a cada uno de ellos para volver a empezar.

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