Trilogía: Atrapada bajo el dominio de la fama.

Trilogía: Atrapada bajo el dominio de la fama.

Fuente de la imagen editada con Gimp 2

Mónica Morrión era una mujer de fama. A la edad de 7 años ya se sentía atraída por el mundo del espectáculo, era fanática de programas televisivos en donde tenía la oportunidad de aprender de quienes estaban detrás de la pantalla.  Entre algunas de las cosas que hizo durante sus inicios, fue actuar en pequeños escenarios y en ocasiones participaba en actos escolares donde por su talento era seleccionada para representar el papel principal en algunas obras de teatro.

Sus padres conocían de su gran deseo por ser una actriz famosa, ellos comentaban de la naturalidad y habilidad que tenía su hija para desempeñar de manera satisfactoria cualquier obra que se le asignaba. En varias oportunidades fueron parte del público, que por sus buenas actuaciones quedaban complacidos, como buenos espectadores le daban sus más extendidos y merecidos aplausos.

Victoria de Morrión la madre de Mónica estaba dispuesta ayudar a su hija a cumplir su sueño, ya que desde niña ella simulaba actuar frente al espejo guiada por su inocencia, algunos personajes de actrices destacadas que solían ver juntas. Era tanto su satisfacción por aquellas escenas, que se convirtió en un hábito frecuente en sus vidas, donde su principal admiradora era su madre.

Su padre quien al principio no estaba de acuerdo, poco a poco fue aceptando la pasión que su hija sentía por la actuación, por varias oportunidades ella lograba cautivarlo con esas repetidas imitaciones, donde le permitía ver su rostro reluciente por expresar de una manera natural toda aquella diversidad de expresiones, sentimientos y personificaciones que su pequeña presentaba antes sus ojos de forma fascinante.

Esto llenaba de felicidad a Mónica, ver como su vocación siempre era valorada por los asistentes en especial por sus queridos padres, que siempre que podían, le daban toda su atención y tiempo, asistían a sus eventos para brindarle todo su apoyo y admiración; era como si se habían convencido que ella había nacido para eso. Aquello por supuesto la estimulaba mucho más a Mónica, para consagrarse con esmero a lo que para ella, era el inicio de su carrera artística.

A la edad de 19 años, Mónica conoció a un profesor de actuación, quien fue como invitado a un casting, donde ella participaba como aspirante al papel protagónico de una importante obra de teatro en la ciudad. Él formaba parte del jurado que evaluaría y escogería a la más idónea, con ella participarían 6 talentosas jóvenes más.

Erick Andana, era un joven de 22 años de edad, de piel blanca, ojos marrones, bien parecido, de buen carácter y sencillez pero muy comprometido con lo que hacía, quienes conocían de su desempeño, lo definían como un talentoso y exigente instructor. Él apenas inicia su carrera a nivel profesional, sin embargo, ya tenía una trayectoria de 7 años, pues se había dedicado desde temprana edad a ese mundo, por lo que era reconocido por muchas personas del medio artístico.

Erick logro ver en Mónica un talento innato, sintió deseo de explotar todo ese don que la vida le había otorgado. Ella era una mujer muy atractiva, de piel canela, ojos color miel, con un cabello rizado color castaño claro que caía sobre sus hombros, de cejas bien delineadas. Su rostro armonizaba de tal manera que daba como resultado una belleza muy llamativa.

Durante el casting, todas las participantes tenían la oportunidad de ver la interpretación de cada una de sus antagonistas, esto les permitía medir el nivel de calidad que tenían. Cuando a Mónica le toco su turno, ella no se mostraba para nada nerviosa, pero llamo mucho la atención de  aquellos que estaban a su alrededor, el hecho de que cerrara sus ojos y reclinara un poco su cabeza para decir estas palabras – ¡Dios! todo mi talento te lo debo a ti, gracias por escogerme – e inmediatamente se preparó para su salida al escenario.

Mónica asumió de manera seria y con grandes esperanzas aquel personaje donde tocaba  darle vida al papel de una joven huérfana que transitaba por las calles de su ciudad, con un aspecto muy característicos, vestía con trapos harapientos, descalza, despeinada, con su cara sucia y muchas partes de su cuerpo que se lograban ver a través de las rasgadas    prendas. Sus expresiones de mujer mal vivida se apoderaron de ella, era evidente que no le resultaba para nada difícil meterse en el personaje.

Su tono de voz se adaptaba de manera muy conveniente a su interpretación, su expresión corporal era lo más asombroso de todo, poseía la habilidad de desprenderse de su postura firme y elegante para adoptar una apariencia encorvada y desvalida, era capaz de borrar delante los demás de forma casi instantánea su verdadera esencia para apropiarse de  nuevas personalidades.

Tanto el jurado como el resto de las participantes y el personal dispuesto en el lugar, quedaron atrapados por su interpretación. Muchos de ellos la seguían con la mirada, casi sin respirar, otros mostraban su cara de asombro mirándose entre sí y el resto simplemente se extasiaban sin perderla de vista. Estaban al frente de una mujer talentosa que no estaba lejos de convertirse en la mejor actriz de momento.

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