Aprendamos de la resistencia de una flor

Aprendamos de la resistencia de una flor

En algunos momentos el clima puede significar una adversidad o una magnífica oportunidad para esta flor. Se requiere de un verdadero equilibrio natural del cual ella no tiene ningún control. Se presentaran momentos largos de intenso sol, donde su humedad será casi nula, a menos que alguna persona quien se sienta atraída por ella la riegue. Tendrá una lucha permanente con algunos animales como hormigas, bachaco, gusanos entre otros, que harán de ella una presa fácil, también a los fuertes golpes del viento.  Pero aun en medio de esa batalla, la flor ya casi seca y marchita tiene la esperanza de retoñar, aunque en ocasiones sienta que todo está perdido.

Es justo en ese momento cuando empieza a sentir caer la lluvia, rociando desde sus secas hojas hasta llegar a la profundidad de su raíz, para que de manera maravillosa empiece a volver a reverdecer y convertirse en una hermosa y llamativa flor, donde sus frondosos pétalos, la intensidad de su color y  el adorno de sus hojas verdes, complementan su atrayente vista.

Tal como esta flor es capaz de sobrevivir a todo tipo de circunstancia y mantenerse bella, nosotros también podemos tener la resistencia a sobreponernos a cualquier dificultad. A veces dependemos de la ayuda de los demás para lograrlo, para lo que se requiere mucha humildad.

Es por ello que debemos mantener nuestro equilibrio emocional, para poder identificar los procesos a los cuales de forma casi inadvertidos nos tocan enfrentar. Tengamos en mente que se presentaran  situaciones que no podremos evitar, no depende de nosotros directamente, pero aun así, tal como la flor lucha por sobrevivir y así lo logra, cada uno de nosotros con nuestro esfuerzo, capacidad, sumisión y nuestra fuerza interna, también podremos salir victoriosos y reponernos al mal tiempo.

Verdad que, en ocasiones consideramos que somos favorecidos y llegamos a sentirnos plenos por los logros adquiridos, por la familia y amigos que tenemos, por el trabajo que desempeñamos, por quienes somos como persona y así por el estilo, permitiendo esto que le sonriamos a la vida y a todo a aquello que nos rodean.

Sin embargo, esto nunca es permanente, suelen sucedernos algunos sucesos imprevistos que logran de manera brusca e instantánea cambiar nuestra forma de sentir, percibir y vivir, pudiéramos mencionar entre muchas cosas, un accidente automovilístico, la pérdida de un ser querido, despido en el trabajo, la infidelidad de nuestra pareja, un desastre natural, una enfermedad grave, etc.

En cada uno de estos casos, pudiéramos no haber tenido ningún tipo de control, para otros quizás sea el resultado de nuestro mal proceder o el descuido. Por una u otra razón, con culpa de ello o no, tendremos que asumir las consecuencias, el dolor o la frustración que estas dejan, sin tener opción a elegir. Son estos los momentos donde podemos llegar a sentirnos heridos, maltratados por lo que algunos llaman destino, vacíos internamente sintiendo que estamos perdidos y que no tenemos salida.

Muchos deciden rendirse y caen en graves depresiones,  donde ceden todas sus fuerzas de voluntad, todas sus ganas de vivir para sentirse como un cero a la izquierda, donde por su aflicción afirman que son poco queridos, valorados y hasta a veces se imaginan ser como un estorbo para los demás, deseando querer morir.

Por otro lado, existen quienes como la flor, luchan contra las adversidades que se le presentan con la esperanza de volver a renovarse  y sobreponerse de lo vivido, para ellos esto se convierte no en una debilidad, sino en un aprendizaje donde llegan a hacerse más fuertes y resistente a los problemas del día a día.

Comprendiendo que con sentarse a quejarse o a lamentarse no resuelven nada, que estamos en un ir y venir, que tendremos tiempos buenos y otros nada favorables, pero que es un ciclo de vida que nos toca recorrer, donde los débiles se detienen y los fuertes siguen buscando la salida para luego seguir adelante.

Sigamos aprendiendo de los demás, como llegan a enfrentarse al dolor, al sufrimiento sin querer renunciar a vivir, pero también fijemos nuestra vista en aquellos que logran saborear por momentos la felicidad, el regocijo y de ese sentimiento de sentirse bien consigo mismo sin que nos invada la envidia o el deseo mezquino de estar en su lugar.

Nuestra lucha es individual, es verdad, pero seremos capaces de ayudar o perjudicar a quienes nos rodean si no tenemos el verdadero sentido de sobrevivencia, uno que no reste sino que sume, que enseñe y no cause trauma, aquel que nos permita forjar de nuestro nombre un reconocimiento favorable para aquellos que de manera rápida o por un largo tiempo hemos estado presente en sus vidas.

Estemos seguros que como la flor, un mal tiempo no define nuestro final, no debe quitarnos la oportunidad de resplandecer y ser apreciados por los demás, por el contrario es la mejor oportunidad de reinventarnos y empezar de nuevo, demostrando así que, como una flor, somos resistentes a las adversidades de la vida.

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