Un salto al vacío de forma sorpresiva.

Un salto al vacío de forma sorpresiva.

Cuando nos imaginamos caer al vacío, nuestras mentes se conectan con sensaciones fuertes y estremecedoras las cuales no somos capaces de definir sino después de experimentarlas, algunos logramos soportarlas y manejarlas, otros de manera aterradora se dejan dominar por ella llegando a ser capaces de perder el control de la situación.

En varias facetas de nuestras vidas vemos de manera sorprendente nuestra capacidad de responder a situaciones inesperadas, que sin previo aviso nos hacen participes de ellas. Recientemente en nuestro país fuimos sacudidos por decirlo así, por un temblor de una magnitud aproximadamente de  6.7 en la escala de richter según la institución de Funvisis. Aunque otro país vecino como Colombia  le dio una lectura de 7 aproximadamente.

Cabe destacar que en medio de nuestra confianza por creer que nuestro país no era sísmico, muchos de nosotros nos quedamos asombrados y desorientados ya que no habíamos tenido la oportunidad de experimentar una experiencia de tanta intensidad como esta.

En mi caso puedo contarles que me había traslado a una urbanización de aproximadamente 10 km de distancia de mi hogar, fui con mi esposo @damian-z y mi hija @kpopjera a buscar a mi hijo Jonathan @roadstories en su lugar de trabajo, no teníamos ni 5 minutos de haber llegado al sitio, cuando de repente empezamos a percibir que algo extraño sucedía.

Fui la primera en decir — ¡esta temblado! —, mi esposo asocio la sensación con alguien que se encontraba cerca taladrando. Sin embrago, a medida que el movimiento aumentaba y un extraño ruido llegaba a nosotros, pudimos entender que se trataba efectivamente de un temblor; nos tocó salir de la casa donde estábamos a la calle.

A medida que caminábamos con cierta dificultad, solo escuchaba la voz de mi hijo decir — mamá agarra tu computadora y el celular — con una voz un poco angustiosa. Por supuesto hice caso omiso a su solicitud, en ese momento para mí eso no tenía ningún valor. Solo me importaba saber que todos estaríamos bien y que aquello pasaría pronto.

Una vez en la calle levante la mirada a los postes de electricidad quizás con la intención de mantenernos alejados de ellos y pude ver como las guayas se movían, de repente escuche gritos de algunos vecinos del sector y algunos de ellos se mostraban asustados por lo que estaba ocurriendo.

Llego un momento que el movimiento fue tan brusco que pensé que no podría mantenerme en pies, por lo cual preferí sentarme en la calle ya que me sentía un tanto aturdida y confundida. Estando sentada solo llego a mi mente orar a Dios para que me permitiera estar serena y no dejar que los nervios se apoderarán de mí, ya que suelo ser muy nerviosa. Creo que una de las cosas que me ayudo fue el estar junto a mi familia.

Cerca de mí se encontraban mis dos hijos quienes a pesar de las circunstancias los sentí tranquilos. Mi esposo mientras tanto, aprovechaba el momento para mover la camioneta a un lugar seguro, ya que estaba debajo de un árbol muy grande pero que al parecer durante el fuerte temblor se estremecía como queriendo caer.

En medio de la confusión y el temor uno trata de ayudar a quienes por diversas razones no saben qué hacer. Una de las cosas que más asusta es pensar que las cosas se salgan de control, que no tengamos la facultad de proteger nuestra vida y la de nuestros seres amados.

Sorprende ver con estos sucesos lo que de forma casi imposible llegamos hacer, sin pena, sin detenernos a pensar, simplemente actuamos según nuestras emociones o nuestras capacidades de ver más allá. Luego que pasa el momento crítico empiezan los comentarios, algunos salen con ropa interior, otros descalzos, algunos se olvidan hasta de los hijos y otros solo quieren correr tan lejos como se pueda.

De tal manera, que nunca estaremos preparados ni física ni emocionalmente para reaccionar ante tales eventos, nuestras emociones y las circunstancias que nos envuelvan serán quienes determinen que hacer. Es verdad que cada uno de nosotros en su instinto de sobrevivencia es capaz de no razonar ni medir el verdadero riesgo que se corre cuando nos enfrentamos a situaciones como estas, que a pesar de su corta duración se convierten en una eternidad.

En el caso de este suceso se estima que tuvo una duración aproximadamente de 1 minuto 10 segundos, pero quien imaginaria que durante ese tiempo seriamos capaces de sentirnos como quien da un salto al abismo, donde por estar en esa posición sentimos miedo, angustia y por supuesto mucha confusión.

Afortunadamente solo quedo allí, en un inmenso susto que por horas y días permaneció en nosotros, también sentimos dolor de cabeza, mareo y otros hasta náuseas. Les puedo confesar que yo presente durante dos días síntomas de fuertes dolores de cabeza, dolor facial del lado izquierdo y hasta dolor de oído.

De estas cosas siempre queda una enseñanza individual, nos pone a reflexionar lo vulnerables que somos y que verdaderamente nuestra vida es como una neblina que así como llega desaparece, que el mañana no lo tenemos seguro y que definitivamente debemos vivir cada día como si fuera el último.

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