Relato: Su amor retribuye su ausencia en mi vida.

Relato: Su amor retribuye su ausencia en mi vida.

Él vivía en Río Cristalino un pueblito del estado Sucre; desde mi niñez conservo algunos recuerdos de las visitas que le hacíamos mis hermanos y yo esporádicamente. A veces llegan a mi mente algunas de aquellas tantas escenas que junto a él se convirtieron en gratos momentos.

Tenía una bodega en lo que era su hogar, era una vivienda muy humilde con una fachada cuadrada y descuidada, tenía 2 puertas de maderas en su frente, separada una de la otra por una pared. La gente que solía hacer sus compras por lo general entraba por una de ella y salía por la otra.

Esta bodega ocupaba toda la parte delantera de esta casa, donde en viejos estantes se veían algunos de aquellos variados artículos que vendía a través de un mostrador desgastado de madera. En su lado derecho en un rincón había una mesa pequeña para cuatro personas con unos taburetes, donde jugaba con sus vecinos todas las tardes dominó.

En la parte de atrás de la casa había una pequeña habitación donde él tenía su dormitorio, allí solo se veía una cama y algunas ropas colgadas. Esta habitación se encontraba separada por una cortina para lo que sería la estrecha cocina. No recuerdo haber visto ni muebles, televisor, cuadros, ni cosas que se acostumbraba a tener en una casa.

Sin embargo, cuando nos tocaba viajar para este pueblo, nos sentíamos muy bien porque era un lugar diferente de donde vivíamos, siempre estaba presente el sustico en el corazón de hacer sonar el latón de las viejas camionetas donde viajamos, con nuestras manos muy fuerte o dábamos aquellos gritos diciendo —por aquí— para que el chofer nos dejará cerca del lugar a donde nos quedamos.

Aunque a veces nos dejaban distante pero igual era muy agradable ya que las personas que Vivían cercanos a él nos conocían y se alegraban al vernos llegar. Todas estas personas eran amigables y atentas, saludaban con mucho cariño y nos hacían sentir bienvenidos.

Al llegar casi siempre de sorpresa a visitarlo, porque no teníamos para comunicarnos y avisarle, lo primero que recibimos de su parte era su cálido abrazo acompañado de un húmedo beso en nuestra mejilla y su cara sonriente al vernos. Estaba claro que nuestras repentinas visitas le agradaban mucho.

Debido a que su casa era muy pequeña y no tenía espacio para recibirnos en ella, ya que por lo general viajamos cuatro de nosotros, nos tocaba alojarnos en casa de la madrina de mi hermana mayor, Dora quien era una mujer de estatura mediana, algo gordita, de cabello blanco y de hermosa apariencia por su encantadora personalidad y sonrisa. Ella siempre nos trató como a unos hijos por lo que nos acostumbramos todos a llamarla madrina.

Esta casa si era más grande tenía una sala espaciosa, 2 habitaciones, la primera era de la madrina y su esposo la otra tenía alrededor de 3 camas matrimoniales y aún quedaba espacio para dormir en colchonetas y otros en especial los varones podían dormir en hamacas en la sala. Tenía su comedor con una mesa grande y una cocina donde se nos preparaban casi de seguidos las ricas comidas que nos ofrecían.

A madrina le encantaba tenernos en su casa, ella nos consentía y lo hacía con verdadero amor, nos cocinaba de todo un poco, una de las cosas que más disfrutaba era del chocolate caliente con pan, de los guisos con su toque de coco y por supuesto al prepararnos para ir al rio, a ella le encantaba hacernos la comida para llevar, por así decirlo pasaba casi todo el día entero en su cocina y comíamos entre meriendas, desayuno, almuerzo y cena hasta 5 veces.

Eran muy divertidas las visitas al río, los muchachos del pueblo se entusiasmaron al saber de nuestra presencia, por eso frecuentaban más las pozas del lugar, las más conocidas eran la del maestro y la chorrera que quedaba más distante de donde acostumbrabamos a ir, por eso cuando queríamos visitarla nos teníamos que ir mucho más temprano por el recorrido de ida y vuelta a pies cruzando entre piedras, agua y caminos para llegar a ella.

Los lugares se prestaban para la pesca a muchos le gustaba buscar cachuas debajo de las piedras, yo los observaba de lejos, les tenía algo de miedo y me aterraba meter las manos debajo de aquellas grandes piedras sin saber con qué animal me conseguiría, recordando bien creo que nunca lo hice, ahorita que estoy escribiendo lo pienso y me da escalofrío.

Otras de las cosas que hacíamos era mirar a los mayores jugar el dominó en las tardes y así aprendíamos, cuando ya ellos se cansaban nos tocaba a nosotros dar nuestras partidas. A veces las plagas nos picaban tanto que preferíamos meternos en el gran cuarto de la casa a escuchar largas historias, cuentos y chistes, allí llorábamos de la risa.

De esta manera pasaban los días de aquellas visitas que me agradaban tanto y formaban parte de mis rutinas, siempre estaba ansiosa que llegaran las vacaciones para poder disfrutar de esas experiencias. Allí tenía una familia más al igual que muchos amigos y conocidos.

También recuerdo con mucho agradado que a dos casas de la madrina Dora, vivían un bello matrimonio quienes eran mis padrinos de bautismo, ella era una mujer hermosa y muy querida por su esposo, un hombre educado, cariñoso y muy familiar. En mis visitas al pueblo también podía disfrutar de su cariño y compañía. Pero ella enfermó de cáncer y siendo muy joven y madre de 2 hijos una hembra y un varón; su enfermedad la consumió con mucha rapidez.

En una ocasión me llevaron a visitarla y todavía recuerdo el impacto visual y emocional que recibí al verla, debo confesar que me dio miedo aquella mujer hermosa se tenía registrada en mi memoria desapareció de manera brusca, para convertirse en una esquelética de aspecto sombrío y con expresiones muy marcada de dolor, aquella visita me marcó no contaba con suficiente edad para entender como una enfermedad podía desmejorar y transformar a una persona que lucía saludable y quitarle la vida de forma tan agresiva pocos días después.

Esto se convirtió en un recuerdo muy triste fue algo terrible para mis ojos al grado que me daba miedo tocarla o hablarle, ella con ese aspecto se convirtió en alguien extraña para mí, solo me inspiraba temor y confusión. Creo que uno nunca se prepara para estas cosas, pero cuesta entenderlas mucho más cuando aún somos niños.

Mi padrino a quien todos conocían como Chemo, aún un hombre joven le tocó reponerse de la pérdida de su querida esposa y hacerle frente a la vida con su inmensa tristeza y vacío. Era lógico que la circunstancia fuera bastante difícil para él tener que lidiar con la ausencia de ella y asumir solo la responsabilidad de criar a sus 2 hijos y explicarle porque su madre ya no estaba con ellos.

Por un tiempo se escuchaba hablar entre los vecinos, amigos y familiares de aquella trágica muerte. Ellos habían construidos una hermosa familia y eran ejemplo para muchas personas por la relación tan estrecha que tenían. Su casa era una de la más arreglada del lugar y todos éramos bien recibidos en ella.

El tiempo pasaba y junto con el yo crecía al lado de mi madre, hermanos y un señor de nombre Valoy que se convirtió en la nueva pareja de mi mamá y en nuestro padrastro. A penas era una niña de 3 años cuando me toco separarme de mi padre biológico para empezar una nueva vida en otra ciudad.

 

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